Le Dernier Repas Christ (tiré du film “Jésus de Nazareth” de F. Zeffirelli)

Para alimentarse del Cuerpo y a la Sangre del Cristo, los cristianos recurren a los sacerdotes. En este tiempo apocalíptico, Jesús regresa para restaurar todo. Instituye, en nuestros días, un sacerdocio independiente accesible a los hombres y a las mujeres que creen en el mensaje apocalíptico revelado el 13 de mayo de 1970. En nuestro tiempo apocalíptico, es Jesús mismo quien elige a sus sacerdotes:

“Él (Jesús) nos ama y nos lavó de nuestros pecados mediante su Sangre e hizo de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre.. (Apocalipsis 1: 5-6).

“Eres digno de tomar el Libro (el Apocalipsis) y de abrir los sellos porque fuiste degollado y tu compraste para Dios al precio de tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación. Has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de sacerdotes que reinara sobre la tierra.” (Apocalipsis 5: 9)

Este sacerdocio nuevo está abierto a todos aquellos quienes oyen a Jesús tocar la puerta de sus corazones:

“Aquí me tienes en la puerta y estoy tocando; si alguien oye mi voz y abre la puerta yo entrará adonde él para cenar, Yo cerca de él y él cerca de Mi.” (Apocalipsis 3: 20).

En el Evangelio ya, Jesús anunció que a su Regreso. Él entrará a “reclinarse a la meza” con los que le abren la puerta: “Sean similares a gente que esperan a su Amo con el fin de abrirle cuando vendrá y tocará… En verdad les digo, él se ceñirá y los hará reclinar a la Mesa y vendrá a su otro y les servirá” (Lucas 12: 36-37).
“Cenar” y “reclinar a la meza” indican la Comida Mística al Cuerpo y a la Sangre del Cristo. En estos Nuevos Tiempos, esta Comida se toma, no exclusivamente en edificios religiosos, pero en las familias que se han convertido en “sacerdotes” abriendo la puerta al Cristo con amor “cuando tocará”.

¡Este nuevo sacerdocio no puede absolutamente aplicarse a los sacerdotes tradicionales!

Es Jesús, y solo él, quien tiene el poder de transformar el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre. Ningún hombre, hasta si fuera sacerdote tradicional, tiene este poder. Este último, en efecto, no es más que un instrumento del Cristo. Es Jesús quien, por el sacerdote, regresa presente en el pan y el vino transformados, por Su Potencia, en su Cuerpo y su Sangre divinos. Ahora bien, lo que el Cristo puede hacer por los sacerdotes – a menudo indignos- puede realizarlo con los sacerdotes apocalípticos de su elección. La única condición es tener la fe en lo que hacen y que lo hagan con amor.

Los primeros Cristianos ya compartían la Comida de Jesús en familia, en sinceridad como Jesús lo había instituido, sin rito, sin normas y con mucho amor: “Día tras día, con un solo corazón… rompían el Pan (el Cuerpo del Cristo) en sus casas, tomando la Comida (el Cuerpo y la Sangre del Cristo) con alegría y sinceridad de corazón” (Hechos 2: 46).

A lo largo de los siglos, las distintas confesiones cristianas complicaron, lamentablemente, esta práctica tan simple instituyendo normas, condiciones, ritos, cultos y hábitos sacerdotales contrarios al Espíritu del Cristo. El momento ha venido para que Jesús restaurara todo (véase el texto: “la Restauración Universal”).

Jesús ya desea, ardientemente, compartir esta Comida con nosotros, como lo hizo antes con sus Apóstoles. Les había dicho: “He deseado con calor comer esta Pascua con ustedes” (Lucas 22: 15). Por esta Comida, Jesús establece y refuerza una relación íntima, interior, con sus nuevos sacerdotes: “Quién come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mi y yo en él” (Juan 6: 56).

Cada uno tiene qu elegir, con toda libertad y responsabilidad, responder o no a esta última invitación divina: “Que cada uno aprueba a si mismo, porque aquel quien come y bebe, come y bebe su propia condenación contra si mismo si no discierne el Cuerpo (de Cristo)” (1 Corintios 11: 28-29).

Por este vínculo directo con él, Jesús hace de nosotros creyentes y sacerdotes independientes. Nos libera así de las cadenas administrativas que nos tienen alejados de él.

¿Cómo proceder para tomar esta Comida con Jesús?
Es necesario reproducir lo que Jesús mismo hizo en la última Comida Pascual con sus Apóstoles y repetir las palabras que había pronunciado.

Tomó pan y se les presentó diciendo:

“Tomen y comen; esto es mi Cuerpo, suministrado para ustedes y para muchos para el perdón de los pecados”.
Luego, tomando una copa de vino, se les presentó diciendo:
“Bébanlo todos, esto es mi Sangre, la Sangre de la Nuevo Pacto, derramada por ustedes y para muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en memoria de mi.” (Mateo 26: 26-28 / Lucas 22: 19-20 / Marcos 14: 22-24 / 1 Corintios 11: 23-26)

Las palabras esenciales están puestas en negro.

Participamos en esta Mesa Celestial, Banquete de las Bodas del Cordero (Mateo 22: 1-14) todos los días, de la siguiente manera:
Reunidos alrededor de una mesa, ponemos un pedazo de pan por persona sobre un plato y un poco de vino en una pequeña copa. Los reservamos en tal manera. Oramos el “Padre Nuestro” y la elogia a la Virgen María, Nuestra Madre, por el saludo angélica “Ave Marie…” (Lucas 1: 26-38). Leemos un texto de las Santas Escrituras periódicamente. Nos esforzamos en tomar conciencia de lo que hacemos (allí donde no hay vino, se puede sustituirlo por un zumo de fruta – de uva por ejemplo o incluso del agua. Lo importante no es la materia sino el Espíritu y la intención).

Nos ponemos en presencia de Nuestro Padre Celestial con el Mesías y toda nuestra familia celestial y terrestre, luego pronunciamos las palabras de los textos aquí arriba. Tomamos el Cuerpo y la Sangre de Jesús con amor y emoción, pasamos el plato luego la copa entre nosotros. Tomamos cuidado de enjuagar la copa después de beber. Luego secamos la copa con una toalla especial (lavado de vez en cuando).

A continuación agradecemos a nuestro Padre este don diario que nos concede el Espíritu Santo. Le rogamos guardarnos unidos en el amor y a su servicio para extender Su Luz y abarcar los corazones sedientos de Su Conocimiento. Rogamos para todos los que están perseguidos a causa de la Justicia. Cada uno tiene la libertad de rogar según sus propias necesidades espirituales, su propia santificación y la de los demás, de los difuntos, etc….
El Sagrado Corán no faltó indicar la importancia espiritual de esta “Mesa” que desciende del Cielo (véase el texto “Vista de fe sobre el Corán”, capítulo III; La Mesa Celestial).

Es bueno que, durante el día, hagamos comunión de intención o de deseo al Cuerpo y a la Sangre de Jesús.

Día tras día, en el amor y el recogimiento, nuestra alma se riega de esta fuente de Vida Divina:

“Que se acerca el hombre sediento y
que el hombre que desea reciba el Agua de la Vida gratuitamente.”
(Apocalipsis 22: 17)

Oración del monje Herman Cohen:

“Que la divina Eucaristía sea su luz, su calor, su fuerza y su vida! Quiero que vivan tanto por la Eucaristía que fuera ella quien inspirara todos sus pensamientos, afectos, palabras y acciones.”

“Jesucristo hoy es la divina Eucaristía… hoy estoy débil, necesito una fuerza que me viene de arriba para sostenerme, y Jesús, descendido del Cielo, se hace Eucaristía, es el pan de los fuertes.

Hoy soy pobre… yo necesito un refugio para ponerme a cubierto, y Jesús se hace casa… es la casa de Dios, es el pórtico del Cielo, es la Eucaristía…

Hoy yo tengo hambre y sed, necesito un alimento para satisfacer mi espíritu y mi corazón, de una bebida para restaurar mi calor, y Jesús se hace trigo, se hace vino de la Eucaristía…

Hoy estoy enfermo… yo necesito un bálsamo beneficioso para vedar las heridas de mi alma, y Jesús se me extiende como un ungüento precioso sobre mi alma dándose a mi en la Eucaristía…

Yo estoy desalentado, Él me cura; estoy triste, Él me regocija; estoy solo, Él viene a morar conmigo hasta el final de los siglos; estoy en la ignorancia, Él me instruye y me ilumina; tengo frío, él me calienta con un fuego penetrante pero más que todo eso, yo necesito amor y ningún amor de la tierra había podido satisfacer mi corazón, y Él entonces se hace Eucaristía. Y Él me ama, y su amor me satisface, me llena y me hunde en un océano de caridad. Sí, yo amo a Jesús, yo amo a la Eucaristía. Jesús, Jesús de hoy, es Jesús conmigo… Esta mañana, al altar, Él ha venido, Él se dio, lo tengo, lo tengo, lo adoro. Se personificó entre mis manos…Es mi Emmanuel, es mi amor, es mi Eucaristía.”

Hermann Cohen

Allá abajo, hay un extracto del libro: “El asombroso secreto de las Almas del Purgatorio”, de Sor Emmanuel Maria Simma, Ediciones de los Beatitudes 1998:

“Quiero dar aquí el testimonio de Herman Cohen, un artista judío convertido al catolicismo, que veneró mucho la Eucaristía.

Eso pasaba en 1864. Había dejado el mundo, había vuelto a entrar en un orden religioso muy austero y adoraba muy frecuentemente el Santo Sacramento por el cual tenía una gran veneración.

Durante sus adoraciones, suplicaba al Señor para convertir a su madre quien la quería mucho.
Pero su madre se murió sin haberse convertido. Herman se volvió loco de dolor. Se inclinó ante el Santo Sacramento y, dando libre curso a sus lamentaciones, oró así: “Señor, debo todo a usted, es verdad, peroro ¿le había rechazado? Miqueas juventud, mis esperanzas en el mundo, el bienestar, las alegrías de la familia, ¿pueden ser un descanso legítimo? He sacrificado todo desde que usted me ha llamado. ¿Miqueas sangre? Lo hubiera dado así mismo; y usted Señor, usted la Eterna Bondad quien prometió rendir el céntuplo, me ha rechazado el alma de mi madre… Miqueas Dios, sucumbo a este mártir, el murmullo va a exhalarse de mis labios”. Los sollozos obstruían este pobre corazón. Repentinamente, una voz misteriosa toca su oreja y le dice: Hombre de poca fe, tu madre se ha salvado, sepa que la oración tiene todo el poder ante mí. Escuché todas las que me enviaste acerca de tu madre y mi Providencia la tuvo en cuenta en su última hora. En el momento en que ella moría, me presenté a ella, me vio y clamó: “Miqueas Señor y mi Dios!” Guarda pues tu valor, tu madre evitó la condenación eterna y tus súplicas con fervor sacaron su alma de la prisión del purgatorio”.
Se sabe que el Padre Herman Cohen, muy poco tiempo después, aprendió por una segunda aparición que su madre subió al Cielo.”