Interceder significa intervenir en favor de alguien. Creemos en la intercesión (o mediación) de los santos como una verdad querida por Dios y revelada por el evangelio.

Algunos niegan esta intercesión y se basan sobre las palabras de Pablo: “Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos” (1 Timoteo 2,5-6). Por lo tanto, la intercesión con Dios seria reservada para Cristo solo.

Los que niegan la intercesión de los santos intercedan ellos mismos por los demás. Para ser coherentes con ellos mismos, deberían dejar de orar por otros.

Sin embargo, Pablo nos empuja a interceder por todos, de hecho, le escribió a Timoteo: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad…Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador” (1 Timoteo 2,1-3). Pablo oró para Timoteo y los creyentes mismos y les pidió de orar para los demás y para sí mismo:

“…noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones.” (2 Timoteo 1,3)

“no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones. Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente, iluminando los ojos de vuestro corazón…” (Efesios 1,16-17)

“Siempre en oración y súplica…, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos. Y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio” (Efesios 6, 18-19)

“Sed perseverantes en la oración…orad al mismo tiempo también por nosotros…” (Colosenses 4,2-3)

“…Y con su oración por vosotros, manifiestan su gran afecto…” (2 Corintios 9,14)

“Rogamos a Dios que no hagáis mal alguno…Lo que pedimos es vuestro perfeccionamiento” (2 Corintios 13,7-9)

“Doy gracias a mi Dios… rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros (Filipenses 1,3-4)

“Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto… (Filipenses 1,9)

Los Apóstoles Santiago y Juan también recomiendan la intercesión:

“Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.” (Santiago 5,16)

“Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida ” (I Juan 5,16)

La intercesión se hace o con Cristo Jesús, o directamente con el Padre mismo a causa de nuestra fe en Jesús. Por lo tanto, el hecho de que Jesús es el único mediador no impide la intercesión con Él por los demás, y Él intercederá con el Padre por nosotros. Mejor aún, Cristo obtiene a sus seguidores de interceder ellos mismos directamente con el Padre, a causa de su amor por él. Eso es dicho claramente de las palabras de Jesús: “de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo conceda” (Juan 15,16)
La intercesión directa de los discípulos de Cristo al Padre es evidente.

Jesús obtiene a sus seguidores no solamente de poder interceder directamente con el Padre, pero les dice que en el hecho de creer en Él, no tendrá a interceder por ellos. El dijo, en efecto: “Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis” (Juan 16,26-27).

Los santos que nos han precedido en el Cielo, y los ángeles están vivos y activos, y pueden interceder por nosotros y hacen eso (ver el texto: “La supervivencia después de la muerte”). Tenemos que ser sin humildad y sin amor para rechazar o ignorar su intercesión, y admitir la intercesión de sí mismo. En cuanto a nosotros, le damos más importancia a la intervención de María y José de Nazaret, de Pedro de Cafarnaúm, de Pablo de Tarso y de Muhammad que a cualquiera intervención terrestre.

La intercesión es una expresión de amor y de solidaridad inquebrantable. Estamos unidos por la oración común y la intercesión reciproca para todos los creyentes verdaderos, los que todavía viven en la tierra y los conocidos y desconocidos que nos han precedido en el Cielo. Esta es la “Comunión de los Santos”. Es la unión de sociedades celeste y terrestre reunidas en torno a Cristo en una familia, ya que Dios es NUESTRO Padre. El hecho de rezar, suplicar al Padre, interceder los unos para los otros significa amarse y ser uno en Cristo. “Uno para todos y todos para uno” Jesús oró fervientemente para esta unión (Juan 17,21). Amor, solidaridad, comprensión, compasión, conducen inevitablemente, a la suplicación en la intercesión como dijo Santiago 5,16. Y Pablo de decir: ..” Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador (1 Timoteo 2,1-4). Que madres, que padres, que personas santas muertas han salvado sus hijos por sus lágrimas presentados al Padre…

En Cana, la Virgen María intercede con Jesús para transformar el agua en vino. Solidarizaba con los invitados que, en esta ambiente de novia alegre, no tenían más vino para beber en honor de los casados nuevos. Se respondió generosamente, Jesús ha aceptado a cambiar el plan divino a través de superar su tiempo (Juan 2,1-11). María intercede, a fortiori, cuando las circunstancias son difíciles para su familia. Ella simpatiza con ellos, siente su dolor, justifica su situación y obtiene siempre lo que les conviene… en tiempo oportuno. Es la “Intercesión Compasiva”, el Padre y el Mesías no le rechazan nada, porque lo que ella pregunta, siempre va en la dirección del Espíritu Santo.

Podemos también decir mucho y escribir mucho por la intercesión de los santos. Lo que se explica aquí es suficiente para encender un corazón puro que busca con despego, sin restricción ni fanatismo, la única verdad revelada por Jesús y sus apóstoles después de Él.

Recordemos por último que Jesús dijo amablemente a aquellos que nunca pidieron nada al Padre ni intercedieron por persona: “lo que pidáis al Padre os lo dará en mi Nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi Nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado” (Juan 16,23-24).

Porque la intercesión de los creyentes en la tierra con el Padre es tan poderosa, y mucho menos la de los santos que nos han precedido en el Cielo con el Padre.